"Attack the Block": Porros, aliens y fuegos artificiales

Crítica originalmente publicada en Hello Friki. VER
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A la atención del menor. Si acabas de cumplir catorce años, si llevas aparato en los dientes, si has comenzado a llamar viejos a tu padres, si fumas porros entre la clase de matemáticas y la de sociales, si eres el más chulo del barrio, si te han comenzado a salir pelos en las partes nobles y si las chicas han rebasado el nivel de tontas para pasar a ser oscuros objetos de deseo, chaval, esta es tu película. Llama a tus amigos; al pasota, al “flipao”, al gordo, al friki, al empollón y al del alma. Haceros con unas litronas, unos panchitos y todos al cine, que es invierno y hace frío.

Ahora supongamos por un momento, que ya estáis sentados cada uno en su butaca y que estáis dispuestos a permanecer atentos a lo que pueda suceder en pantalla. Que no vais a hacer el bárbaro, que no vais a lanzaros palomitas unos a otros, que no vais a filosofar en el Tuenti desde el móvil y que no vais a hablar a lo largo de los escasos ochenta minutos de duración. Entonces, querréis saber que “Attack the Block” va de unos extraños bichos que después de viajar millones de kilómetros por el espacio exterior, comienzan a caer sobre la ciudad de Londres con tan mala leche, que comenzarán a devorar a todo aquel que se cruce por su camino. Para su desgracia, las pobres criaturas se cruzarán con unos jóvenes pseudo-delincuentes, que aunque en el fondo tienen buen corazón, darán tanta o más leña que los propios extraterrestres.

Qué sí. Que han pasado diez minutos, que ya estáis descorchando la primera cerveza y que la película va a ser una tontería mayúscula. Ya os habéis reído del primer bicho que ha salido en escena, silbado lindezas a la chica y reproducido todos y cada uno de los insultos proferidos por los protagonistas. El cine es un jolgorio, una lucha entre hormonas para ver quien dice la frase más ingeniosa. Película y público se retroalimentan en un ciclo sin fin. Las reglas ver, escuchar y callar del cine se reducen al absurdo. En “Attack the Block” prima la fiesta, el gritar y el no hacer caso a la mitad de la película que “nos vamos a enterar igualmente”. Solo los últimos veinte minutos, a base de fuegos artificiales, explosiones y concentración masiva de extraterrestres en pantalla (todo muy comedido), lograrán captar levemente vuestra atención.

Si todo transcurre correctamente y no sois expulsados de la sala antes del fin de la proyección (cosa sumamente compleja dada la semejanza étnica de todo el público), saldréis lo suficientemente “piripis” como para debatir profundamente sobre porqué no se ha visto ningún mísero trozo de carne femenina y sobre qué haríais si empezaran a llover bichos peludos del cielo. Tema que poco a poco irá siendo desplazado al completo olvido por otras opciones más interesantes, como es insultar a ese estúpido profesor de matemáticas que os ha puesto un examen el Lunes solo para “joderos” el fin de semana.

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